Vivir con los hermanos



Otro Hermano aprovechó la oportunidad para preguntar al abad Poimen si era correcto alabar al prójimo sin más ni más. Y el abad Poimen, que era un prodigio de sensated y concordia, le dijo al Hermano:

-No está mal, pero es mejor callarse.



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Silencio




En lo que precede se ha mostrado brevemente lo peligroso que es juzgar al prójimo y cómo este vicio alcanza también a los que son tenidos por hombres espirituales; aunque más propiamente se puede decir que son ellos los juzgados y condenados por su propia lengua. 



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Desasimiento



El que de verdad ama al Señor, el que de verdad desea buscar el reino venidero, el que de verdad se duele de sus pecados, el que de verdad ha conseguido tener siempre presente las penas futuras y el juicio eterno, el que de verdad ha asumido el temor de su propio fin, ese ya no amará, ni se preocupará, ni recordará ni el dinero, ni las riquezas, ni sus familiares, ni la gloria del mundo, ni amigos, ni hermanos, ni cosa humana y terrena. Antes bien, abominando y sacudiendo todas estas preocupaciones, aborrecerá su misma carne y seguirá desnudo, despreocupado, y decidido a Cristo, levantando sin cesar los ojos al cielo, esperando de allí el auxilio, según la palabra del santo profeta: "No me he cansado de seguirte, nunca desee el día ni es descanso del hombre" (Jer 17, 16 LXX).


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Humildad



Abba Pastor dijo también: "Estando los ancianos sentados cierta vez para comer, abba Alonios se levantó para servir, y ellos, al verlo, lo alabaron. Más él no respondió absolutamente nada. Entonces alguien le dijo en privado: ¿Por qué no respondiste a los ancianos que te alabaron? Abba Alonios le dijo: Si les hubiera respondido, estaría aceptando sus alabanzas.


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Voluntad de Dios


Abba Pastor dijo: "La voluntad del hombre es un muro de bronce entre él y Dios, una piedra interpuesta. Por eso, al abandonarla, el hombre se dice para sí: En mi Dios atravesó el muro. Si la justicia concuerda con la voluntad, el hombre se esfuerza".

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Obediencia



Se engañan a sí mismo algunos de los obedientes que, cuando ven que su superior es confiado y conciliador, trabajan por inclinar su voluntad a lo que ellos quieren. Si lo logran sepan que pierden totalmente la corona de la confesión. Porque la obediencia es destierro de la propia voluntad y de la hipocresía.


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Abba Pastor



"Los hombres hablan a la perfección, pero son muy poco consecuentes al obrar".


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