Conversión


El hedor del pecado



El abad Poimen, para hablar de cómo están las almas que viven en viejos pecados, echaba mano de una comparación muy realista. Decía él:

-Cuando una cisterna exhala un olor infecto, es necesario que su propietario, ayudado por obreros especialistas, la sanee y la limpie al precio de mucho trabajo y fatiga. Los que proceden a este trabajo de higiene radical, se manchan y soportan un gran hedor: un olor fétido y sucio. Pero cuando han agotado el trasvase de lo que olía mal y cuando han arrojado todo ello al fango, la cisterna comienzza a recibir agua pura y cristalina.
Y esto es lo que sucede en aquel que se enfrenta a las faltas que ha cometido y comienza a arrojar fuera de su corazón a los pecados y sus consecuencias. Aquel que le escuche al pecador esa narración de sus pecados sufrirá igualmente el mal olor de los que limpiaron la cisterna, pero, acontinuación ayudará a que el alma se llene de agua pura y limpia. Un agua nueva que es el temor de Dios.
Y es que la cisterna es el corazón del hombre: en él están el fango y el pecado. Pero también está el dueño de la cisterna que es quien tiene que poner en marcha la limpieza. Los obreros que han de ayudarle son la lengua y el espíritu. Y quien vierte el agua limpia en el corazón higienizado es el Abad.


Padres del Desierto

La gula


La virtud de la paciencia



Había un anciano en Escete, esforzado en los trabajos corporales, pero no era discreto en las cosas del espíritu. Fue a donde estaba abba Juan, y le preguntó acerca del olvido. Después de oír su palabra, regresó a su celda, y olvidó lo que abba Juan le había dicho. Fue de nuevo a preguntárselo. Oyó de él una palabra semejante, y se retiró. Mas cuando llegó a su celda, la había olvidado de nuevo, y de esta manera iba frecuentemente, pero cuando regresaba lo dominaba el olvido. Después de esto, encontró al anciano y le dijo: "Sabes, abba, he olvidado cuanto me dijiste, pero por no molestarte no he ido más. Le dijo abba Juan: "Ve, enciende una lámpara". Cuando la hubo encendido le dijo: "Trae otras lámparas y enciéndelas con esta". Hizo también esto. Y dijo abba Juan al anciano: "¿Acaso faltó algo a la lámpara porque de ella encendistes las demás?". Respondió: "No". Dijo el anciano: "De la misma manera, tampoco Juan (disminuye). Aunque todo Escete viniera a mí, no me alejaría de la gracia de Cristo. Cuando quieras venir, ven y no caviles". Por la paciencia de ambos quitó Dios el olvido del anciano. Esta era la obra de los escetiotas: dar coraje a los que eran atacados, y hacerse violencia para adquirir una buena ganancia los unos para los otros.


Padres del Desierto

Murmuración


Resentimiento


Vía ascética