Obediencia



Gran cosa es admirar los trabajos de los santos; trabajar por imitarlos da salud; pero pretender copiar de golpe su modo de vivir es irrazonable e imposible.


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Espíritu de penitencia



Dijo abba Isaac a los hermanos: "No traigáis niños aquí. Pues las cuatro Iglesias de Escete se volvieron desiertas a causa de los niños.


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Obediencia



Dijo abba José el Tebeo: "Hay tres obras que son valiosas en presencia del Señor: que cuando el hombre está enfermo y es probado, lo reciba con acción de gracias; la segunda es si hace todas sus obras puras en presencia de Dios, y nada tiene de humano; la tercera es si vive en la sujección al padre espiritual y renuncia a todas sus voluntades. Tendrá este hombre una corona excelente. Mas yo, por mi parte, he elegido la debilidad".



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Los que salieron de Egipto



Los que salieron de Egipto tuvieron a Moisés por guía; más los que huyeron de Sodoma, tuvieron un ángel que los guió (Gén 19,16). Los primeros, que representan a los que procuran sanar las pasiones de su alma con la cura del médico espiritual, son los que salieron de Egipto. Los segundos que son los que huyeron de Sodoma, significa a aquellos que desean verse libres de las impurezas del cuerpo. Estos necesitan para ello la ayuda de un ángel o, por decirlo así, de un hombre que sea semejante a los ángeles. Porque según el grado de infección de las heridas tenemos necesidad de un enfermero o de un médico.


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Compunción



Un hermano interrogó a abba Pastor diciendo: "¿Qué haré?". El anciano le dijo: "Cuando Abrahám entró en la tierra prometida compró un sepulcro para él, y por la tumba recibió la herencia de la tierra". El hermano le dijo: "¿Qué es la tumba?". El anciano le dijo: "El lugar del llanto y de la compunción".



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Vivir con los hermanos



Otro Hermano aprovechó la oportunidad para preguntar al abad Poimen si era correcto alabar al prójimo sin más ni más. Y el abad Poimen, que era un prodigio de sensated y concordia, le dijo al Hermano:

-No está mal, pero es mejor callarse.



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Silencio




En lo que precede se ha mostrado brevemente lo peligroso que es juzgar al prójimo y cómo este vicio alcanza también a los que son tenidos por hombres espirituales; aunque más propiamente se puede decir que son ellos los juzgados y condenados por su propia lengua. 



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