La gula


La virtud de la paciencia



Había un anciano en Escete, esforzado en los trabajos corporales, pero no era discreto en las cosas del espíritu. Fue a donde estaba abba Juan, y le preguntó acerca del olvido. Después de oír su palabra, regresó a su celda, y olvidó lo que abba Juan le había dicho. Fue de nuevo a preguntárselo. Oyó de él una palabra semejante, y se retiró. Mas cuando llegó a su celda, la había olvidado de nuevo, y de esta manera iba frecuentemente, pero cuando regresaba lo dominaba el olvido. Después de esto, encontró al anciano y le dijo: "Sabes, abba, he olvidado cuanto me dijiste, pero por no molestarte no he ido más. Le dijo abba Juan: "Ve, enciende una lámpara". Cuando la hubo encendido le dijo: "Trae otras lámparas y enciéndelas con esta". Hizo también esto. Y dijo abba Juan al anciano: "¿Acaso faltó algo a la lámpara porque de ella encendistes las demás?". Respondió: "No". Dijo el anciano: "De la misma manera, tampoco Juan (disminuye). Aunque todo Escete viniera a mí, no me alejaría de la gracia de Cristo. Cuando quieras venir, ven y no caviles". Por la paciencia de ambos quitó Dios el olvido del anciano. Esta era la obra de los escetiotas: dar coraje a los que eran atacados, y hacerse violencia para adquirir una buena ganancia los unos para los otros.


Padres del Desierto

Murmuración


Resentimiento


Vía ascética